-A través de microrredes fotovoltaicas comunitarias y un innovador proyecto para transformar residuos agrícolas en electricidad mediante biodigestores, la Municipalidad de Huara lidera la transición energética en los poblados más aislados de la Región de Tarapacá.
Para la mayoría de los chilenos, presionar un interruptor a medianoche o conservar alimentos congelados son gestos cotidianos. Sin embargo, para las familias de los poblados más apartados de la comuna de Huara, contar con suministro eléctrico continuo fue un anhelo postergado por décadas.
Hasta hace poco, 27 de las 33 localidades del territorio dependían exclusivamente de generadores a motor que funcionaban apenas dos horas por noche. Para revertir esta realidad, la Municipalidad de Huara diseñó una estrategia integral basada en el aprovechamiento de la radiación solar y la valorización de residuos.
Redes solares y baterías de litio
El plan dio sus primeros frutos con la instalación de microrredes fotovoltaicas en Coscaya y Poroma, poblados que habían quedado al margen de los proyectos tradicionales de tendido eléctrico por la compleja geografía de sus quebradas. La iniciativa se gestó desde la propia visión técnica del municipio, según explica Williams Carlos Mamani Ticuna, director de la Secretaría Comunal de Planificación y Coordinación (SECPLAC):
«Esto se empezó a ver el año 2018 cuando el alcalde asume. Vivimos en la falencia: nuestra comuna cuenta con 33 localidades y tenemos 25 que no cuentan con energía eléctrica. Actualmente estas localidades tienen 2 horas de luz en el día nada más a través de un grupo generador que obviamente contamina. Por eso estamos generando este tipo de plantas fotovoltaicas para darle una mejor calidad de vida a nuestras comunidades ocupando la energía limpia que hay en esta zona aislada».

Las plantas, financiadas con fondos de la SUBDERE, cuentan con potencias de 19 kW y 22 kW y están respaldadas por bancos de baterías de litio de última generación, asegurando 2.200 watts continuos por vivienda (10 amperios) las 24 horas del día.
«Son plantas que cuentan con baterías de litio —estamos hablando de unas 30 baterías por localidad con una vida útil de al menos 16 años— que les permiten abastecerse las 24 horas, los 365 días del año. Fuimos de las primeras comunas que invirtió para localidades con fondos del gobierno. El feedback ha sido fabuloso; les cambió la calidad de vida en un 100%. Ahora pueden tener comida congelada e iluminación permanente, e incluso los vecinos están pensando en adquirir motos eléctricas para trasladarse a sus chacras», destaca Mamani.
Sumando estas plantas comunitarias y más de 60 sistemas solares individuales en caseríos, el municipio ya beneficia a cerca de 100 familias (unas 200 personas).

El próximo paso: Economía circular con residuos agrícolas en Bajo Soga
Junto con la expansión de la energía solar —que ya suma el diseño de cinco nuevos sistemas para otras quebradas—, el municipio apunta a un nuevo hito: transformar los desechos de la agricultura local en una fuente limpia de electricidad mediante biogás.
El escenario para este proyecto es la localidad agrícola de Bajo Soga, un sector con más de 600 hectáreas productivas donde residen de manera permanente unas 200 familias dedicadas al cultivo de hortalizas, melones y ajos.
«Bajo Soga es totalmente productiva, pero vemos que hay muchos residuos agrícolas que quedan, que la gente bota o quema. Queremos generar una planta con un biodigestor para producir gas metano a partir de esos desechos y, con ese gas, generar energía eléctrica para la misma localidad, que tampoco cuenta con red eléctrica. Ahí aplicamos 100% la economía circular: transformar lo que hoy se quema en energía para ellos mismos», explica el director de SECPLAC.
Actualmente, el municipio trabaja junto a la SUBDERE en un levantamiento técnico detallado para cuantificar el volumen exacto de biomasa disponible. La meta de la SECPLAC es consolidar los datos duros hacia el año 2027 para postular a fondos de financiamiento o alianzas público-privadas que permitan construir la primera planta de biogás de la comuna.
Desafío normativo
A pesar del avance de estas iniciativas, la autoridad advierte que el principal obstáculo para la sostenibilidad de las microrredes aisladas (off-grid) radica en la falta de un marco legal adaptado a este tipo de soluciones.
«El marco regulatorio no está claro para estos sistemas aislados de la línea del SEN. Actualmente son administrados por la municipalidad, pero la ley no da garantías para que una empresa se haga responsable en sistemas pequeños. Es necesario crear una mesa de trabajo con el Ministerio de Energía para tener una normativa adecuada de aquí a dos o tres años. De lo contrario, cualquier falla técnica futura se puede transformar en un gran problema para familias que ya adaptaron su vida a la energía continua», concluye Mamani.
Frente a los avances y desafíos presentados por la comuna de Huara, el Director Ejecutivo de CircularTec, Luis Martínez Cerna, destacó el valor estratégico de este tipo de proyectos en los territorios:
«El desarrollo del norte de Chile está profundamente ligado a nuestra capacidad de aprovechar los recursos naturales de forma inteligente y sostenible. La energía solar no solo es una fuente limpia e inagotable, sino que se ha consolidado como un motor clave de desarrollo tecnológico, inclusión social y diversificación productiva para las comunidades más aisladas de nuestra región. Iniciativas como la de Huara demuestran que la transición energética y la economía circular van de la mano. Desde CircularTec, estamos profundamente interesados en explorar espacios de trabajo colaborativo junto a los municipios y los actores locales, poniendo a disposición nuestras capacidades técnicas y de innovación tecnológica para escalar estos modelos, optimizar la gestión de residuos e impulsar soluciones sostenibles que impacten directamente en la calidad de vida de las personas.»



