La alteración del clima en Tarapacá y el rol de la economía circular

-Noches de invierno a más de 30 °C y eventos de baja segregada en Iquique confirman que la variabilidad climática exige infraestructuras y procesos productivos adaptados a la nueva realidad del desierto.

El desierto más árido del mundo está enviando señales indiscutibles. En un lapso de pocos días, la Región de Tarapacá y en particular las comunas de Iquique y Alto Hospicio vivieron dos situaciones meteorológicas excepcionales que reflejan cómo la variabilidad y el cambio climático están redefiniendo los eventos extremos en la macrozona norte.

Durante la noche del 11 y la madrugada del 12 de agosto, la Dirección Meteorológica de Chile registró una temperatura máxima de 33,4 °C, manteniéndose sobre los 30 °C por casi seis horas con vientos de hasta 60 km/h y una humedad de solo 24 %. Un fenómeno de compresión adiabática del aire que bajó desde la cordillera dejó a Iquique con un ambiente inusualmente cálido y seco para una noche de invierno.

Posteriormente, entre el 17 y 18 de agosto, la región fue impactada por una baja segregada (núcleo frío en altura), masa de aire frío en capas altas atmosféricas que genera inestabilidad, tormentas y chubascos intensos en periodos cortos.

Como explica la geógrafa Albina Álvarez Apaza de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, estos episodios invitan a una reflexión profunda sobre la vulnerabilidad del territorio.

 «En Iquique el problema no depende solamente de cuántos milímetros de agua caen. También importa cuánto llueve en cuánto tiempo. Unos pocos milímetros pueden parecer una cantidad pequeña para una ciudad del centro o sur de Chile, pero en un lugar desértico pueden tener consecuencias importantes. Los suelos extremadamente secos absorben el agua de manera diferente y las quebradas se pueden activar. A ello se suma que la infraestructura no está diseñada para enfrentar lluvias, ni frecuentes, ni de gran intensidad”, comentó.

Álvarez enfatiza que la evidencia científica muestra que el calentamiento planetario está modificando la frecuencia e intensidad de estos eventos.

 «La principal enseñanza de estos episodios es que no debemos confundir ‘llueve muy poco’ con ‘no existe riesgo de lluvia’ (…) Estar preparados para situaciones poco frecuentes es importantísimo como conocer aquello que ocurre normalmente».

En esa misma línea, tras realizar evaluaciones en terreno sobre la respuesta de las obras de contención y el comportamiento del suelo, el director de la Sociedad Geológica de Chile, Diego Rojo Martel, sostuvo que la infraestructura preventiva cumplió un rol clave, pero plantea nuevos desafíos técnicos.

“Los muros de contención aluvional funcionaron de manera esperable evitando flujos de barro que habrían provocado consecuencias mayores. Sin embargo, esto nos da una oportunidad para prepararnos mejor. Desde la ciencia debemos comprender nuestro territorio y las características de nuestra hiperacidez para entregar soluciones a las autoridades, adaptarnos y enseñar a la comunidad más allá del miedo”, destacó el especialista.

De la vulnerabilidad climática a la solución circular
Frente a un escenario donde los promedios históricos ya no bastan para prever emergencias urbanas e industriales, la gestión de los recursos no puede seguir funcionando bajo modelos lineales tradicionalistas (extraer, usar y descartar). Un evento de precipitaciones o temperaturas extremas no solo afecta a las comunidades, sino que irrumpe en las cadenas logísticas, daña infraestructuras y tensiona el abastecimiento de insumos básicos como el agua y la energía.

En este contexto, el abordaje de estos desafíos requiere pasar de la respuesta reactiva a una transformación sistémica de las cadenas de valor productivas. Desde CircularTec, la integración de ciencia e innovación tecnológica se posiciona como la herramienta clave para preparar al territorio ante este nuevo escenario climático.

Sobre la urgencia de articular estas soluciones en la macrozona norte, el director ejecutivo del Centro Tecnológico de Economía Circular, Dr. Luis Martínez Cerna, destacó que “el cambio climático nos enfrenta a una realidad ineludible en el norte de Chile. La vulnerabilidad de nuestras ciudades e industrias exige innovación con propósito. Transitar hacia una economía circular no es solo un modelo de producción, sino una estrategia sistémica de adaptación. Estamos comprometidos con conectar la tecnología, el conocimiento y la acción territorial para transformar residuos en soluciones resilientes, garantizando que sectores clave y nuestras comunidades estén preparados para responder a eventos extremos de forma sostenible”.

Periodista: Maycol Soto Rivera.

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